Historia de los encierros
Nuestras fiestas se recuerdan desde siempre empezando el día 14 de septiembre: Día del Santísimo Cristo de la Buena Muerte, pero naturalmente, con sólo dos días de fiesta. Existen documentos en los archivos municipales en los que se mencionan estas celebraciones desde la consolidación del municipio como tal, registrándose como fiesta local en 1750.
Antes de la Guerra Civil se celebraban encierros en nuestro Municipio, aunque en aquella época sólo se soltaba un toro.
Posteriormente comenzaron a soltarse dos toros acompañados de seis u ocho cabestros. A las reses las desencajonaban en "Los Llanos" o en "Los Huertos" (actual calle Huertos), ya que, todavía, eran zonas descampadas. Las reses eran conducidas por hombres a caballo y algunas personas andando, siendo el recorrido las actuales calles Toledo, Glorieta de Chamberí, Real y Comercio hasta la Plaza de España donde se encontraban los chiqueros de la plaza de toros (cuatro carros tapando las salidas de la plaza).
Escapadas de los toros: todas. Rara era la vez en que un toro no se escapaba. Si todo iba bien, el encierro duraba una hora más o menos. Pero había días en que a las seis de la tarde, aún había reses por encerrar.
Nuestra tradicional "hora de costumbre" prácticamente no se ha modificado en todos estos años, ya que lo normal era que el encierro comenzara a partir de las doce de la mañana.
¿Y los corredores? Como siempre los jóvenes de la localidad y algunos de fuera, aunque no faltaba alguna que otra valiente que corría el encierro desde la Fuente del León.
¿Y las reses? Novillos de aproximadamente 3 años, pertenecientes a las ganaderías de zonas cercanas.
Si se comparan con los encierros actuales, puede que se considere que son muy distintos, sin embargo, aunque hayan aumentado las infraestructuras, variado el número de reses, o los corredores sean ahora más "profesionales" y la reglamentación sea más estricta, queda absolutamente patente que Los Molinos cuenta con una gran afición taurina.
Podemos decir que existen dos formas de ver los encierros: ya sea como espectador o como participante y como organizador.